Literarias Siglo XXI

www.literarias.org

 

Página Frontal


Copyright 2005 Juan Alborná

 Todos los derechos

   reservados

            


                



 

CONTENIDO

 

Gana autor español premio de relato corto

 

El futuro del libro electrónico y el de papel, por Google

Los escritores que más dinero ganan

 

Rumba catalana con salsa gitana

Escuchen (luego del speech introductorio) al grupo musical catalán Estrellas de Gracia en "Córtate la lengua chivato". Para que los chivatos de Cuba de todos los tiempos sepan que la justicia los alcanzará algún día. Luego, disfruten de "Kikiribú".

 

Actualidades

Curso de locución y presentación de Radio y TV

Tenerife acoge la IV Cumbre de Editores Independientes Latinoamericanos

Actividades del Centro Cultural Español de Miami. Pronta inauguración de nueva sede

Actividades del Pen

 

Novedades Literarias y Periodísticas

 

FRASE

 

Hemingway

 

 

Festival: "El más parecido

a Hemingway

    2011"

           Ganador

Entrevista a Hemingway en la TV cubana en 1954

al ganar el Nobel de Literatura

 

Descubra los nuevos libros


 

ESCRITORES

 

Cuentos

El sabueso que lo haría famoso,

por Juan Alborná Salado

 

(Miami-EUA)

 

ReporterosConFronteras

67 asamblea de la SIP en Lima

 

(Miami-EUA)

 

Ámbito literario madrileño

D.H. Lawrence: la sensualidad narrativa de un escritor irracionalista, por Pedro García Cueto

(Madrid-ESPAÑA)

 

Disquisiciones

"You" or the Second Person Point-of-View in College Essays,

por María Jacketti

(Hazleton-EUA)

 

Letras

El Quijote

¡INTERACTIVO!

Véalo conpleto

por Juan Falcón

(Miami-EUA)

 

Entornos de literatura

La última mentira

-relato corto-

por Andrés Candelario

(San Juan-P.RICO)

 

Reseñas

Lectura de Otrodidades

por Francisca
Domingo Calle

 

(Madrid-ESPAÑA)

 

Mi página

Cuba: un nuevo realismo mágico en la prensa y la literatura independientes

(Este ensayo fue eliminado por Gloria Leal: censora castrocomunista de El Nuevo Herald),

por Juan Alborná Salado

(Miami-EUA)

 

Faranduleando

Columna del 25 de septiembre, por María Argelia Vizcaíno

(Miami-EUA)

 


MISCELÁNEA

 

Noticiero insólito internacional.

 

CERTÁMENES LITERARIOS

 

Concursos literarios hasta por Internet

 

La página del cuento

 

Cursos, talleres, seminarios, conferencias.


 

Internet

 

Enlaces (Links):

 

Instituciones y escritores


 

narrativa corta-

contando cuentos


 

EL SABUESO QUE LO HARÍA FAMOSO©

                  

por Juan Alborná Salado

        Director Editor

 


Arthur se encontraba en la biblioteca de su casa en Portsmouth. Escribía en su vieja máquina, pero las musas lo habían noqueado, y no podía hilvanar una narración coherente con el famoso y extravagante personaje detectivesco de sus novelas, que como recordaba, había surgido de su mente por primera vez en 1887 en la bruma londinense. Sencillamente estaba bloqueado. No podía hilvanar un capítulo lógico que encajara en el libro que intentaba escribir. Soltó el aire de los pulmones en un vano ejercicio por disipar la tensión. Maldijo a las musas. Se movió inquieto en la silla frente a la máquina de escribir. Cruzó las manos a la altura del abdomen y miró al techo. Bajó la mirada y la enfocó en el papel que en blanco esperaba. A los 28 años era alto, de pelo claro, rostro noble, ojos azules, frente despejada, bigotillo, y porte distinguido. Sus manos, muy blancas y finas, de uñas bien cuidadas, evidenciaban labores más intelectuales que físicas.

Su biblioteca, además de cientos de volúmenes, contenía varios diplomas: título universitario, un pergamino nobiliario que lo nombraba sir o caballero del reino, otros honoríficos más y también premios literarios. Miró hacia su diploma de doctor en medicina y cirugía colgado de la pared y recordó la frase que había dicho imperceptiblemente cuando dos años atrás se lo entregaron en una ceremonia en la Universidad de Edimburgo: “Licencia para matar”. Sus ojos pasaron por encima de un cuadro con una vista de campo adentro en Escocia y una foto de él mismo con vestimenta típica de la región. No podía negar que era escocés. Pensando estaba cuando un mayordomo tocó a la puerta y entró.

―Señor, la correspondencia.

―Gracias.

El hombre tomó varias cartas y las hojeó. Sacó una sin remitente y la abrió porque sabía de quien era. Conocía su letra. Le escribía Jeannette Johnson, esposa de un gran amigo y escritor llamado Flash Robín, con la que Arthur mantenía amoríos secretos. Lo citaba para la semana venidera en un apartado café de Londres. Al arribar la fecha, allí fueron, bien abrigados, pues el otoño ya había llegado al Imperio Británico con su incipiente frío.

Cuando ella entró al café, Arthur la esperaba en la barra y frente a la puerta de entrada. La observó: mediana estatura, rostro agraciado pero seco, pelo claro, ojos inquietos y grandes, y figura grácil. Le gustaba lo que veía. Fueron a un reservado.

―Robín ha escrito una gran novela. Puedes hacerte con ella. Es más, estoy cansada de él, y tú acabas de perder a tu esposa. Si él desaparece podemos casarnos y tú puedes publicar la novela con tu nombre.

―Creo que podemos hacer algo -dijo Arthur.

Se pusieron de acuerdo, y fueron a la residencia del médico, donde el escritor le entregó a la mujer un frasquito con Láudano.

―Dáselo en pequeñas dosis, pero antes, voy a ir a tu casa a conversar con él.

A los pocos días, se hallaba conversando con su amigo Flash Robín, quien a petición de Arthur le había traído la novela. El médico escritor leyó varias partes y quedó impresionado.

―Hay que hacerle algunos arreglitos. Yo puedo hacérselos y la publicamos con tu nombre como principal y el mío como colaborador. ¿Qué te parece?

Robín aceptó entusiasmado. El médico se llevó el manuscrito y dilató sus arreglos. Esperaba. Al poco tiempo su amigo moría del Láudano suministrado por la esposa aunque el certificado forense decía: “Fallecimiento por fiebre tifoidea”.

El médico y Jeannette se casaron tiempo después, y el galeno autor publicó en 1902 una de sus más famosas obras: El sabueso de Baskerville, la novela escrita por su fallecido amigo, cuyo protagonista era el detective que lo estaba haciendo mundialmente célebre y de nombre Sherlock Holmes.

Sir Arthur Conan Doyle, sentado en su sillón favorito, leía en un diario en la biblioteca la crítica favorable acerca de su novela mientras sonreía al lado de su flamante esposa.♦